No es fácil hacer siempre lo correcto. La mayoría de las veces tienes ese pequeño diablillo en el hombro que te está diciendo “¿y qué más da?”.
Cuando haces lo correcto muchas veces te quedas con un mal gusto en la boca pensando que eres el único idiota en el mundo que no recorre hacia la solución fácil.
Esta semana le hemos hecho una devolución inmediata a un cliente tras haber realizado una compra de 100 euros. Simplemente había cambiado de opinión. Hace daño porque pasas de euforia a decepción. La vía sencilla hubiera sido decirle que ya se había hecho el envío y complicarle la vida para que no siga insistiendo en la devolución.
Pues resulta que una semana más tarde ese mismo comprador vuelve y en vez de comprar por 100, nos hace una compra de 200 euros. A veces suceden cosas buenas cuando haces lo correcto. Hay que confiar en ello. Da igual lo que hagan los demás. Tú podrás dormir con la conciencia tranquila confiando en que existe algo como karma que de forma universal busca un equilibrio en todas tus acciones.
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