La semana pasada acepté hacer una cosa que no me convenció nada. Una actividad que me hizo sentirme incomodo. Me quejaba días antes de hacerlo como un niño pequeño. Llegó el día donde ya no pude evitarlo más.
Y aquí surgió la gran sorpresa. Me lo pasé súper bien y tengo ganas de repetir.
En ocasiones, hay que correr el riesgo de equivocarse. Pueden surgir cosas buenas.





