¿Cuántas veces te quejas al día? ¿Casi nunca? Ehhh, vamos a ver, no me lo creo… Todo el mundo se queja constantemente de algo lo que pasa es que en la mayoría de los casos ni nos damos cuenta.
No me considero una persona especialmente “quejica” pero estimo que podría llegar a 10-20 veces al día. Quejarse empieza con frases tan sencillas como “no me gusta el/la…”, “no aguanto…”, “Pepito/Fulanito no ha hecho bien…”, etc.
Quejarse es gratis pero cambiar las cosas cuesta. Expresar el malestar es un tubo de escape fácil y rápido que proporciona un alivio inicial pero al final no cambia absolutamente nada. Actuar es tan duro porque podría significar afrontarse a situaciones desagradables.
Esta semana me he estado quejando mucho. Demasiado para mi gusto. La semana que viene toca actuar. Si hay algo que no te gusta cámbialo ya. No hay que esperar. Las cosas se pueden calmar y volver a la normalidad pero los problemas de fondo seguirán existiendo.
No hay que tener miedo a la confrontación sino más bien a estar parado. Decir las cosas te traerá cosas buena y malas. A veces es tan rápido y leve como tirar de una tirita pegada en la herida. En otras ocasiones hace falta una cirugía al corazón.
No seas cobarde. No cierres los ojos ante las cosas que te molesten (y en las que incluso puede que tengas razón). Antes de buscar la confrontación haz un ejercicio crítico contigo mismo. Igual tú eres en realidad el problema y no te has dado cuenta todavía. Ten esta posibilidad en cuenta a la hora de buscar posibles soluciones al problema.
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