Con 19 años y recién acabado el instituto mis amigos y yo pasamos dos semanas en un hotel de Ibiza. Lo que recuerdo de esas vacaciones fue que había pillado algunos kilos por haber dejado de jugar al fútbol. Me dí cuenta que no quería ser una persona que no hacia deporte. A los 25 años cuando me mudé a Suiza tuve otra vez una época breve sin hacer ningún tipo de deporte. Desde entonces practico deporte prácticamente todos los días de la semana.
Con el paso del tiempo he ido entendiendo más cosas sobre mi. Para mi ha sido esencial para convertirme en la persona que soy a día de hoy.
Algunas personas entienden que quieren ser una persona deportiva pero no tienen la fuerza de pasar a la acción. El dolor parece ser más fuerte que el beneficio que aporta. A largo plazo las consecuencias de no superar la propia pereza son graves. En ocasiones uno se da cuenta cuando ya es demasiado tarde.





