Lo que te voy a plantear a continuación es algo hipersencillo. Casi me da vergüenza escribirlo. Al mismo tiempo también requiere algo de valor. Te lo digo por experiencia porque no siempre es tan fácil llevarlo a cabo.
Mi mejor truco de productividad es trabajar con listas. Para que veas. No es nada del otro mundo pero es increíblemente efectivo si lo aplicas día tras día.
Lo bueno y lo malo de mis listas es que con el tiempo se convierten en monstruos de apuntes, colores, claves guardadas, teléfonos, etc. Ahora dirán algunos que para eso está Evernote y os digo que probablemente tenéis razón.
En ocasiones soy un poco cabezota y pienso que “mi sistema” me funciona de maravilla. “Never change a winning team” o eso es lo que dicen los entrenadores de fútbol. Lo que sí se puede hacer es mejorar las cosas que ya funcionan. Bueno, pongamos nos manos a la obra.
Lo acabo de hacer antes de escribir estas líneas. Convertir mi lista de tareas de 1,5 páginas en una de 5 líneas. He borrado todos aquellos puntos que se han convertido en algo como “tareas opcionales/ no del todo urgente/ bueno que lo hagas” o no sé muy bien cómo denominarlo.
Son cosas que te generan cierto nivel de ansiedad porque mientras figuran ahí siempre tienes la sensación que no estás haciendo todo lo que debes. Lo bueno es que en general no son ni importantes ni urgentes sino que únicamente generan ruido así que fuera.
Los que nos preocupamos por temas de productividad en ocasiones nos convertimos en personas con síndrome de Diógenes porque no somos capaces de deshacernos de tareas que no vamos a llevar a cabo nunca (esto incluso te puede ocurrir con Evernote).
Es complicado llevarlo a cabo porque piensas que dejas de hacer algo importante. Si realmente lo es no te preocupes. Volverá como una especie de búmeran. Una vez superado el “reto” de borrarlo (casi) todo te sentirás liberado. Te lo digo yo. Ya me siento mucho mejor… 
PD: he guardado una versión con las antiguas tareas. Por si acaso… 😉
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