A veces tienes miedo. Tienes ganas de probar algo nuevo pero te intimida lanzarte. Necesitas alguien o algo para darte un empujón.
Otras veces ocurre lo contrario. Ya estás en movimiento pero te surgen dudas. Cada vez lo tienes menos claro. Te sigues moviendo por inercia y frenar generaría resistencia.
Sobre todo cuando hay más personas implicadas dar el paso atrás es complicado. Al final lo mejor es pisar el freno a fondo. Cuando además tu mala sensación está respalda con razones de peso es hora de dar marcha atrás.
Cuando no lo tengas 100% claro, párate. Ser lanzado está bien para moverse adelante y frenar si tienes la sensación que te la vas a pegar si sigues adelante. Asume las consecuencias cuando terceros están involucrados porque es muy probable que cuando más tardes en tomar esa decisión será peor.
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