Esta semana tuve una conversación telefónica con un inversor potencial para un negocio mío. Primero se presentó y me comentó su historia. Había ganado dinero vendiendo una empresa y ahora dedica a reinvertir ese dinero en start-ups. Una historia muy parecida a la de muchos otros emprendedores de éxito.
Ahora me tocaba a mí. Hablé sin pensar. Sin darle estructura o mucho sentido a mis palabras. Me daba cuenta mientras que me escuchaba hablar que no estaba bien preparado. Lo que contaba en 3 frases se podía decir en una. Lo que comenté al final debería ir al principio.
La conclusión fue mi sencilla. No estaba bien preparado. El resultado no dejó de sorprender. El inversor muy amablemente me dio a entender que esto no era un negocio en el que él estaba interesado en invertir. Comparto su punto de vista. Yo estando en su lado hubiera tomado la misma decisión.
La falta de preparación tenía una sencilla explicación. Sir ir más lejos. Falta de interés. No tenía claro mi objetivo. No tengo decidido realmente si quiero dejar entrar a terceros. No tengo claro lo que quiero. Antes de no tener este punto al 100% decidido no haré otro falso intento.
Esta semana hice perder el tiempo a este inversor y a mí también. No volverá a ocurrir. No estaré otra vez tan poco preparado. Tendré claro mis objetivos y el nivel de preparación estará a la altura de mi ambición.
Foto de Adobe Stock | @Thomas Marzusch





