Cuando se trata de afrontar miedos las personas se comportan como si su vida se iba a acabar próximamente. En cambio con lograr la felicidad muchos piensan que van a vivir eternamente porque siempre está el día de mañana para alcanzarla.
Recientemente vi la película “Héctor y el secreto de la felicidad”. No recibió críticas demasiado buenas pero a pesar de ello me dejo con un buen sabor de boca. Es ese tipo de películas que son ideales para desconectar porque no tienes que pensar demasiado y tienes la tranquilidad que al final todo saldrá bien. Esa previsibilidad los críticos lo juzgan con aburrimiento y previsibilidad pero a mí en muchos casos me puede llegar a entretener.
Te puede gustar o no la película pero se puede dar de acuerdo en muchos de los aprendizajes el protagonista principal Héctor realiza a lo largo de su viaje. Me quedo la última conclusión que no es tan obvia y probablemente no sea compartido de manera tan uniforme.
Y además de no dejarlo para mañana. El viaje transmite claramente lo que es el concepto de la felicidad. No es una meta final, es disfrutar del camino.
Sobre todo hay que vivir. El miedo nos impide hacer lo que debemos. Tenemos miedo de lo que dirá nuestro vecino cuando lo único que cuenta es la opinión de la persona que ves cada mañana en el espejo.