Lo primero que se te pasa por la cabeza nada más sonar el despertador es ignorarlo y seguir durmiendo. Si consigues superar ese primer instinto probablemente ya superas a un gran número de personas.
A la gran mayoría les cuesta ponerse en marcha. Lo más duro es hacer deporte poco después de haber salido de la cama. Es por ello que hago justo eso. El 95% de los días no me apetece. Me duele el esfuerzo, estoy sudando a gotas y cuento los segundos para finalizar los ejercicios. Cuando he acabado y estoy bajo la ducha tengo esa sensación dulce de dolor muscular y satisfacción de haber superado un día más mi propia pereza.
No hay placer sin dolor. Cuando haces cosas difíciles nada más empezar el día lo que viene después siempre te va a parecer más leve. Eso es al menos mi experiencia de llevar este ritmo durante ya casi 5 años.