Sí, estoy de acuerdo contigo. Es arriesgado utilizar el término “receta mágica” pero dame 2 minutos y te demostraré que en este caso realmente existe (aunque igual de forma diferente de lo que te imaginas).
Cuando nos ponemos a soñar con grandes o pequeños objetivos estamos llenos de ilusiones. Estas corren el riesgo de desinflarse rápidamente a la hora de atacar su objetivo y convertirlo en realidad. Muchos se suelen dar cuenta de una cosa: no es tan fácil vivir un sueño.
Una maratón no se corre el día de la carrera. Se logra a través de lagrimas, sudor y sangre durante meses donde sales a entrenar con frio o calor, con o sin motivación.
Tendrás varias “tiradas largas” como suelen llamarlo los corredores con 25, 30 o incluso más kilómetros. Está claro que no empiezas con este tipo de sesiones desde el día 1.
Incluso es bastante arriesgado ir de 0 a 100 en muy poco tiempo porque el cuerpo tiene que acostumbrarse al esfuerzo. Los más ambicionados no respetan los plazos acumulando lesiones que les obligan a pausar de forma forzada.
Lo más importante para lograr un nuevo hábito es dar el primer paso y luego no parar. Para poder hacerlo uno tiene que ir de poco a más.
También la mente requiere un plazo de adaptación para darse cuenta que es capaz de asimilar el esfuerzo. Ver que puedes motiva y te aporta la fuerza para seguir empujando y querer más.
Hace poco he empezado con una aplicación de pago que te crea de forma automatizada ejercicios en función de tu rendimiento. He tardado más de 1 año en dar el paso.
La decisión de por fin lanzarme ha sido posible porque he podido probar ejercicios sueltos de la aplicación. Me di cuenta que era capaz de asumir la carga e iba aumentando el nivel de dificultad. Para no perder la costumbre tras haber estado entrenando en mis vacaciones durante 2 semanas hice el pago anual de la aplicación.
La receta mágica consiste en ir de poco a más. No únicamente para correr una maratón tienes que prepararte durante mucho tiempo. Cualquier habilidad o hábito requiere ir de poco a más para acostumbrar tanto nuestro cuerpo como nuestra mente.
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