Reflexiones

Como te cambia la vida cuando de repente tienes la playa a pocos kilómetros de tu casa. Pasas todos los días en la piscina de la urbanización porque al final es más cómodo que tener que coger el coche, conducir 10 minutos y tener que buscarte un hueco entre turistas alemanes, ingleses y madrileños en la arena.

Las vacaciones de este año las hemos pasado en la montaña como no podía ser de otra forma cuando tienes la playa al lado. Cuando no la tenía cerca y vivía en Alemania o más adelante en Madrid pasábamos prácticamente toda la tarde entre olas y toalla para disfrutar al máximo del mar.

La diferencia entre pasar las vacaciones en la playa o en la montaña

Pasar las vacaciones en la playa no requiere mucha explicación. Básicamente consiste en bañarse, tomar el sol y comer. El orden se puede variar a gusto sin mayor dificultad. Los más ambiciosos incluso lo pueden mezclar con jugar a las paletas, al fútbol o al vóleibol. Esta parte sería más bien opcional y se podría categorizar casi como “deporte”.

¿Has pasado ya alguna vez unas vacaciones en la montaña? Si tu respuesta es “no” te lo cuento brevemente. Estás en movimiento todo el día. Te despiertas temprano por la mañana (sobre las 7.30 horas en mi caso) para salir a hacer senderismo lo antes posible. En el caso ideal ya has planificado la ruta la noche anterior antes de irte a dormir. La dificultad se mide tanto en distancia como en desnivel. Un adulto puede hacer fácilmente 20 kilómetros y 1.000 metros de desnivel. Con niños puedes dividir esas distancias por 2. Si son más pequeños evidentemente el radio de actuación es inferior.

Lo que te aportan las vacaciones en la montaña para educar a tus hijos

Educación consiste de forma resumida en premios y penalizaciones para lograr el comportamiento deseado. Los peques tienen que conocer sus límites pero también necesitan incentivos para aprender la relación entre esfuerzo y premio.

En la playa los peques tienen el premio casi asegurado. Siempre que el comportamiento esté dentro de los niveles de estrés tolerables de los padres, conseguir algo deseado como p.ej. un helado depende únicamente del tiempo que va pasando. El niño no tiene que hacer nada más para vivir una experiencia positiva.

En la montaña en cambio recibir un helado depende de la distancia que se realiza y en consecuencia del movimiento. Los peques viven por primera vez algo a lo que no están acostumbrados: realizar un ejercicio físico el que tras varios kilómetros se convierte en desagradable porque se mezcla con cansancio. Como padres tienes que motivarles con palabras, galletas y pequeñas pausas para que realicen con éxito el recorrido.

Desde mi punto de vista aprenden una lección muy importante en la vida. Esforzarse más allá de lo agradable merece la pena. En ocasiones en la vida no hay elección. Hay que recorrer caminos que no nos gustan, pero si lo hacemos recibiremos el incentivo que buscamos.

Cuando no tienes hijos no piensas en temas como educación porque evidentemente no te afecta. He pasado prácticamente todas mis vacaciones en la playa. Mi mujer en cambio siempre ha estado en la montaña. Ahora que estoy casado adivina donde caerán los próximos años… 😉

Desde el punto de vista educativo me he convertido en un fan de las montañas. Se mezcla la belleza del paisaje con el esfuerzo para lograr tus metas. No es la única lección que me han aportado y seguramente no será la última.

Foto de Fotolia | @NatalliaVintsik

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