ser feliz

En ocasiones leemos un artículo o vemos un vídeo sobre motivación y estamos unas horas motivados al 100% y luego… Luego se nos olvida. Los problemas del día a día y el trajín hacen que el pensamiento motivacional desaparezca, se acurruque en un rincón y deje de ser efectivo.

Por eso la mayoría llegamos a casa y lo primero que hacemos es sentarnos, inclusive si hemos venido en coche y trabajamos en una oficina. Nos sentamos, exhaustos mentalmente, esperando que los problemas desaparezcan.

Estar siempre motivado

Desde hace años, repito dos rutinas que, particularmente, me ayudan durante el día a día. La primera es entrar en la oficina y saludar siempre con un “¡Buenos días!”. No se trata de un cabizbajo saludo de obligada educación, sino una motivada  y voluntaria declaración de intenciones. Una auténtica amenaza contra aquellos compañeros cuyos quejidos trato de ahogar con el trabajo duro.

El entrar así todos los días me ayuda a empezar el día de cero. Las preocupaciones de ayer se encuentran en el pasado, hoy hay que hacer frente a otras.

Junto con ese saludo, está la respuesta “Muy bien, como siempre” cuando me preguntan sobre mi estado de ánimo. Se convierte en una rutina bien ensayada la de contestar “bien”, levantando los hombros levemente y dejándolos descender alicaídos, como si no pudiésemos hacer más por estar mejor, como si estar mejor dependiese de situaciones ajenas a nuestro control. Yo siempre estoy muy bien, independientemente de las circunstancias (y las ha habido graves). Estar mal es una pérdida de tiempo.

El segundo rito que repito una decena de veces a lo largo del día es el cierre de cada uno de los correos que mando. Justo antes de la firma, las palabras “Muchas gracias, y un saludo” aparecen en casi todos mis correos. Las personas que trabajan conmigo se merecen saber lo agradecido que estoy de que respondan como lo hacen ante las necesidades de mi empresa, tanto por parte de los proveedores como por parte de los clientes.

Además, cada semana, sin excepción, envío un email felicitando a alguien por su trabajo, porque se lo merecen. Sin duda tú tienes mucha gente a la que agradecer durante el día a día, y desde ahora te animo a ello.

La motivación puede venir de dentro

Volviendo a la apertura del artículo, mucha gente olvida la motivación a las pocas horas de haber leído o visto algo. Pero la motivación puede venir de dentro. Y puedes ayudar a motivar a otras personas.

La gente tendemos a quedarnos parados a la espera de que nuestro entorno cambie lo suficiente como para que nos vaya mejor. Yo trato de cambiarlo lo suficiente como para que las personas de mi alrededor se encuentren motivadas.

Muchas gracias por leer, y un saludo 😉

Fotografía | Ariana Prestes

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