La respuesta es muy sencilla. Sí, siempre.
Los sueños son muy bonitos hasta el punto que empiezan a destruirte. Cuando las cosas se ponen difíciles hay que insistir. Eso sin duda pero hay que saber diferenciar.
Una cosa es sentir el dolor corriendo una maratón superando el kilometro 30. Es normal, nadie dijo que correr 42 kilómetros sin parar iba a ser pan comido. Hay que apretar el culo para llegar. Duele pero se puede.
Otra cosa es caer en una profunda depresión, perder amigos o pareja y sentirse cada vez peor a la hora de realizar un sueño que sin darte cuenta se ha convertido en una pesadilla.
Igual tienes un problema sin darte cuenta. Puedes estar sobremotivado y no darte cuenta. Muchas veces empieza así.
Saber insistir y luchar son cuestiones esenciales de supervivencia. Abandonar también.
Para ello hay que aprender a diferenciar entre dolores de esfuerzo y aquellos de autodestrucción. A veces la línea es muy delgada.
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