Carlos Bravo

El año pasado estuvimos en las montañas en Suiza con toda la familia: la peque de 3 años, el peque de un año, mi mujer y yo. Durante la mañana hacíamos pequeñas escapadas caminando durante 2-3 horas para cansar y entretener un poco a los niños. Todavía son demasiado pequeños para excursiones más exigentes a nivel de extensión y nivel de dificultad.

El día en el que una decisión equivocada pone en peligro la vida de mi familia

Un día fue diferente del resto. Nos habíamos dejado transportar con el ascensor a un nivel más elevado de la montaña para bajar andando. En cuestión de 10 minutos pasamos de un camino ancho de 3 o 4 metros sin ningún tipo de peligro a un recorrido para escaladores con un nivel de dificultad elevado.

Un paso equivocado hubiera significado poner en peligro tu vida y la del peque de un año y medio que llevaba en una especia de mochila para niños en la espalda (en alemán esto lo llaman Kraxe). No podíamos tampoco volver para coger el camino anterior, hubiera sido peor. Han sido 20 minutos de bajada donde he sufrido como un perro. No podía dejar de pensar en esas historias de familias que tienen un accidente en la montaña y nadie de ellos sale con vida. Siempre te preguntas como es posible que algo así puede llegar a ocurrir. Ahora lo sabía. Cuando habíamos dejado atrás lo más peligroso di las gracias porque todos habíamos llegado sanos y salvos.

Ha pasado más de un año desde ese incidente. No pensaba que iba a escribir nunca sobre esa historia pero ahora tengo la distancia necesaria para hacerlo. Estando los primeros días en Austria escalando montañas con el peque de ahora 2 años y medio no podía evitar de volver a pensar en esos momentos.

El riesgo a equivocarse es la esencia de la vida

Desde entonces soy consciente de que una decisión equivocada puede tener consecuencias importantes. Esto no tiene que limitarse únicamente a lo personal sino también a lo profesional cuando te juegas tu existencia y la de las personas que dependen de ti. No lo vería igual sin haber pasado por esto. Una cosa es saberlo y otra es vivirlo en primera persona.

Una vez que te tengas que afrontar la situación que te ha traído la decisión tomada no puedes quedarte paralizado(a). Tienes que actuar con la cabeza fría. Hay que aceptar las consecuencias y buscar soluciones cuando antes. En situaciones críticas, literalmente cada paso puede costarte la vida. Quedarte parado tampoco te aporta soluciones sino únicamente alarga el sufrimiento.

No tomar decisiones por miedo de equivocarnos no es ninguna solución. No siempre acertamos y en ocasiones la cagamos con mayores o menores consecuencias. Esto es la esencia de la vida. No hay felicidad sin sufrimiento.

Foto de Fotolia | @NikonSteff

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