Carlos Bravo

Lo peor de perseguir un sueño es nunca sabes a priori que lo vas a conseguir. En ningún momento vas a tener una confirmación a ciencia exacta que estás por el buen camino.

Es peor. Al principio tendrás más indicadores que tus esfuerzos no te están llevando a ninguna parte. En vez de ver los “fracasos” como parte necesaria del aprendizaje te centrarás en pensar que te estás defraudando a ti mismo pero sobre todo a los que te están apoyando.

Aceptamos el hecho de que no vamos a llegar. De que no vamos a poder la vida que nos merecemos. Puede llegar un momento donde la frustración supera la motivación y en vez de avanzar nos quedamos quietos.

Deberíamos tener una perspectiva diferente de las cosas. Tenemos que ser más bien como un bebé que aprende a andar. Por mucho que se caiga, por muchos intentos fallidos no se rendirá jamás. No aprender a caminar sin ayuda no es una opción. El bebé sin saberlo es creyente. Sin saber muy por qué tiene la fe irrompible que en algún momento logrará. Algunos tardan más y otros lo consiguen más rápido. Pero llegarán. No hay otra opción.

Cuando perseguimos un objetivo tenemos que ser creyentes. En nosotros mismos. Sin conocer el camino exactos necesitamos confiar en que vamos a llegar. En algún momento. Tarde o temprano. Es cuestión de tiempo. Lo vamos a lograr. No quepa ninguna duda.

Foto de Adobe Stock | @Butch

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